Cuidar de otra persona puede implicar enfrentarse diariamente a situaciones emocionalmente exigentes y conductas difíciles de gestionar.
Las actividades cotidianas, como vestirse, comer o asearse, pueden convertirse en momentos complicados tanto para la persona atendida como para quien la cuida.
El acompañamiento ayuda a desarrollar estrategias, adaptar la convivencia, gestionar las emociones y crear nuevos espacios personales y familiares.